El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, realizó un viaje a Latinoamérica esta semana, durante el cual visitó a gobiernos aliados de derecha en Colombia, Ecuador y Perú. La agenda se centró en temas de seguridad y la lucha contra el narcotráfico, acuerdos comerciales y los esfuerzos de la administración Trump para contrarrestar lo que percibe como la creciente amenaza de la inversión china en la región. Aunque en gran parte se trató de una “vuelta de victoria”, dado que sus aliados conservadores se están extendiendo por toda la región, bajo la superficie persisten tensiones y contradicciones, pues las políticas represivas de la actual administración amenazan con provocar una reacción adversa. Rubio comenzó su viaje el martes en Colombia, donde se reunió con el nuevo líder de extrema derecha, Abelardo de la Espriella. De la Espriella, que es también ciudadano estadounidense, es un adulador de Trump que ha profundizado rápidamente los lazos políticos, militares y económicos con Estados Unidos. Además de prometer relaciones más sólidas en materia de seguridad, ambas partes firmaron, según algunos informes, acuerdos relacionados con la cooperación nuclear civil y el suministro de minerales, este último un objetivo clave de la administración de Trump. Estas cálidas relaciones suponen un gran cambio respecto a las relaciones entre Colombia y Estados Unidos bajo el mandato del expresidente Gustavo Petro, quien chocó abierta y frecuentemente con Trump en asuntos como el genocidio cometido por Israel en Gaza, el tráfico de drogas y los ataques contra embarcaciones en la región. Durante su discurso, Rubio lamentó que se hubiera creado una "distancia antinatural" entre los dos países, pero prometió marcar el inicio de una "nueva etapa" de cooperación, un sentimiento expresado también por De la Espriella. El miércoles, Rubio viajó a Ecuador para reunirse con Daniel Noboa, otro aliado clave. Rubio describió a Noboa como el "socio más comprometido y agresivo" de la administración de Trump en su campaña "antinarcóticos" regional, la que ha dado lugar a ataques contra civiles ecuatorianos tanto en tierra como en el mar, los cuales Noboa ha defendido. Durante los días previos a la visita, Estados Unidos lanzó más ataques contra barcos pesqueros frente a las costas de Ecuador, incluyendo embarcaciones pesqueras más grandes a las que acusó de suministrar combustible a los narcotraficantes, una nueva táctica que carece de pruebas y de debido proceso. Durante su intervención, Rubio defendió los ataques, afirmando que los grupos criminales “se comerían vivos a estos países” de no ser controlados. Aunque parecía apuntar a una nueva etapa de cooperación entre países aliados que se ajustara a la legislación local, también prometió que las Fuerzas Armadas de EE. UU. se reservaban el derecho de “seguir destruyendo barcos”. Horas más tarde, Estados Unidos llevó a cabo otro ataque en el que murieron tres presuntos "narcoterroristas", una designación que Estados Unidos también dijo que comenzaría a aplicar al grupo criminal ecuatoriano Los Tiguerones. Rubio también anunció que la administración de Trump buscaría otorgar 45 millones de dólares en fondos adicionales para seguridad en Ecuador, nuevos buques interceptores y una nueva iniciativa de 10 millones de dólares dedicada a combatir la minería ilegal. Sin embargo, aunque uno de los objetivos clave era presionar a sus aliados para que cortaran lazos con China, la administración de Trump no logró ningún compromiso. Hace unas semanas, Noboa realizó una visita de Estado oficial a China para profundizar los lazos comerciales, y Rubio no mencionó a China en sus declaraciones. Las afirmaciones de la administración de Trump sobre el peligro que representa la presencia china en la región para la seguridad de Estados Unidos no deben tomarse en serio. Aun así, “el fantasma de China” estuvo presente en la visita de Rubio a Perú, su última parada en la gira. Durante su reunión con la presidenta Keiko Fujimori el jueves, varios periodistas le preguntaron a Rubio sobre la creciente influencia de China, a lo que él respondió que “lo que ocurre en la [región] tiene un impacto directo en Estados Unidos”. Sin embargo, no mencionó el puerto de Chancay, un mega proyecto financiado por China que provocó gran indignación en la administración de Trump. En cambio, se refirió a nuevos acuerdos de seguridad con el país, aunque no dio detalles específicos. Por su parte, Fujimori anunció que Perú se uniría al Escudo de las Américas, aunque hizo hincapié en que el comercio con China continuaría. Durante la visita de Rubio hubo momentos en los que se percibió un creciente malestar que podía seguir aumentando. Por ejemplo, el hecho de que Rubio buscara firmar nuevos acuerdos comerciales demostró las tensiones generadas por la innecesaria guerra comercial de Estados Unidos, que ha elevado los aranceles sobre los productos de toda la región. En Colombia y Ecuador, Rubio también fue interrogado por la prensa sobre el reciente acuerdo petrolero del gobierno con Venezuela, cuyo carácter abiertamente neocolonial ha irritado a muchos en la región. Iván Cepeda, líder de la oposición colombiana y reciente candidato presidencial, resumió perfectamente este descontento en redes sociales, al comparar la visita de Rubio con la de un funcionario colonial español y lamentar que la entrega de recursos nacionales se hiciera pasar por “cooperación económica” y la intervención militar por “seguridad regional”. |